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Eres el dueño de tu desarrollo profesional, familiar y personal

alegre en la playa

A lo largo de mi experiencia en el área de Recursos Humanos, he escuchado en varias oportunidades, cómo compañeros de diferentes disciplinas han hecho comentarios tales como; “Estoy hasta el tope de trabajo, que no he podido completar mi autoevaluación de competencias”; “¿qué pasa si no completo a tiempo mi documento de promoción?”; “mi jefe no me ha informado sobre mi potencial”; “estoy cansado de estar en este puesto”; “no estoy de acuerdo con mi evaluación, pero ya estoy acostumbrado, todos los años es lo mismo”, entre otras cosas.

¿Qué esperamos? ¿Es que acaso no podemos estar también hasta el tope con los pasos que tengamos que hacer para desarrollar nuestras competencias?; ¿por qué si cumplimos las metas de trabajo en el día a día, por qué no cumplir con las fechas establecidas para el proceso que me ayudará a progresar en mi trabajo?; ¿por qué no discutir con mi jefe sobre mi potencial y planes de carrera?; ¿qué debo hacer para que mi evaluación del próximo año sea mejor que ésta y ser el mejor evaluado en mi organización?; ¿por qué esperar a que las cosas pasen?; ¿a qué le tememos?. Lo cierto es, que como seres humanos, tenemos la capacidad de energizar cualquier cosa que queramos lograr.

Es hora de tomar las riendas de nuestro desarrollo. En principio debemos tener claro sobre qué es lo que queremos alcanzar al final de nuestra carrera y establecer un plan para lograrlo. Puede que queramos ser el Presidente de la organización para la cual trabajamos o el mejor asistente que pueda existir. Y aún más allá: si quiero ser reconocido como un experto en mi área dentro de mi organización, en todas sus filiales, regiones, o en el ámbito nacional o, si simplemente quiero tener la satisfacción del día a día para servir a los demás. No importa el nivel o negocio que estemos y que queramos lograr, lo importante es tenerlo claro y trabajar para ello.

Seguramente en este momento pensamos en todos los obstáculos que podemos encontrarnos en el camino, pero quién dijo que la vida era fácil, sólo hay que disfrutarla, aprender del día a día y seguir en la búsqueda de nuestra felicidad y realización personal. Recuerdo en una conferencia del reconocido facilitador y amigo personal Fernando Sánchez-Arias, quien decía: “cuando me digan que NO, pues lo tomo como un SI”, haciendo referencia a que no hay obstáculos que no podamos vencer.

Hay quienes simplemente se desempeñan excelentemente y las oportunidades van llegando sin buscarlas. Esto, a mi juicio, es la recompensa por decidir tener un desempeño destacado. Pues, si esa es nuestra ruta seguramente sentiremos una satisfacción personal cuando visualicemos aquello que nos hemos propuesto y finalmente logrado.

Este control lo debemos asumir en cualquier ámbito. Debemos igual adueñarnos de aquello que queremos lograr como personas y como familia. Ser el mejor papá o mamá, tener hijos exitosos, construir y desarrollar una sana relación de pareja o por el contrario deslastrarme de aquello que me está perjudicando y comenzar de nuevo, proteger a mis padres, orientar a mis hermanos, querer a mis sobrinos, pero sobre todo quererme a mí mismo. En la medida que tomemos conciencia sobre lo que queremos alcanzar, cómo establezco un plan para lograrlo venciendo cualquier obstáculo y replanificándome día a día para alinearme a mi meta inicial, en esta misma medida no tendremos ningún límite.

Recuerdo el mensaje de mi profesor de Psiconeurolingüística, Nelson Torres Jiménez, cuando nos decía: “Nadie tiene el poder de apagar o encender mi luz, porque sólo YO soy quien tiene el poder de controlar todos mis switches”. Profundicemos este mensaje y llevémoslo a nuestra vida diaria. Nadie hace que yo me deprima o me disguste por situaciones o comportamientos que otros han hecho, yo mismo, decido disgustarme o deprimirme por dicho evento, asimismo yo mismo tengo el poder de decidir no hacerlo y por el contrario ignorar, avanzar o resolver aquello que me pueda estar obstaculizando la realización de mis objetivos.

Lo cierto es, que en efecto somos dueños de nuestro propio desarrollo, bien sea familiar, profesional, personal, espiritual, de pareja, o en cualquier ámbito. Somos cada uno de nosotros quienes decidimos enfocar nuestra vida tal y como la llevamos, y asimismo tenemos el poder de cambiar el rumbo para nuestra propia conveniencia y total realización individual.

Lo importante es que al final del camino, al mirar atrás, nos sintamos completamente satisfechos de todo aquello que hemos alcanzado.

Nerio José Ortigoza
Vía El Universal
nortigoza@hotmail.com

7 razones por las que ser Productivo

productividad

1. Te hace sentir bien, satisfecho y útil

Déjame hacerte una pregunta: ¿verdad que más de una vez has dicho… “en una mañana he hecho el equivalente a lo de todo un día”?, o también “he hecho más en una tarde que en toda la semana”. Nos ha pasado a todos. Y déjame hacerte otra pregunta: ¿cómo te sentías en ese momento de “máxima productividad? Bien, ¿verdad?

El lograr terminar nuestras tareas, con total concentración y entrega, hace que te sientas bien, satisfecho, capaz y útil. Esa sensación de master-del-universo, de que puedes escalar el Everest procede del hecho de verte haciendo y terminando las cosas sin distracciones y con absoluta concentración. Y hasta esa tarea que a priori parecía complicada luego no lo fue tanto. Ese momento de total productividad ha sacado lo mejor de ti. Pues ahora imagina tener esa sensación y disfrutarla cada día de la semana durante todo el año.

Intencionadamente he comenzado con esta primera razón porque muchas de las que le siguen se apoyan en ella. Porque la clave para disfrutar haciendo las cosas es sentirse bien y satisfecho. De primeras puede parecer algo sin importancia pero en absoluto lo es. Piénsalo.

2. Te ayuda a centrarte en lo verdaderamente importante

Es sorprendente lo mal que aplicamos nuestra energía y concentración. En el día a día le dedicamos los mismos “recursos”, esto es, energía, pasión o tiempo, a las cosas pequeñas y a las verdaderamente importantes.

¿De verdad vas a escribir un comentario trivial en un blog, ponerte a bajar una peli o decir una bobada por Twitter ANTES de responder a un correo electrónico de un compañero de proyecto y ANTES de terminar la presentación para ese importante cliente?

La productividad, la determinación de estrujar cada minuto de tu día de una forma eficiente, hace que empieces a valorar cada cosa que haces y dedicarle, en su justa medida, los recursos y tiempos que se merecen. Por supuesto que yo comento en blogs, por supuesto que me bajo películas y digo bobadas por Twitter… pero no dejo, mi productividad no lo permite, que eso interfiera ni un ápice en lo verdaderamente importante.

Es increíble la cantidad de pequeñas (y a veces absurdas) cosas que van apareciendo en el camino, y que nos hacen detenernos, despistarnos y hasta desviarnos de las verdaderamente importantes: ya sea nuestro trabajo y nuestro ocio personal, porque a veces, hasta ni somos productivos ni disfrutamos en nuestro ocio personal.

Cuántas veces hemos oído decir: “Es que no me llegan las horas del día” o “no llego, no doy a basto”. ¿De verdad estás dedicando tu tiempo efectivo a las cosas verdaderamente importantes? ¿O te dejas atrapar por las pequeñas trampas que durante el día nos vamos encontrando?

3. Te ayuda a implantar la “dieta de la información”

(Muy relacionado con el punto anterior.) Es sorprendente la cantidad de basura, repito, basura, que leemos al cabo del día en Internet. Artículos en periódicos, discusiones en blogs, comentarios en un foro, una curiosidad (una gilipollez, vamos a ser honestos) que nos mandan por mail… Ojalá hubiera un contador de minutos que nos permitiera sumar el volumen de información útil e inútil que consumimos en Internet cada día.

Y el GRAN problema de la última, es que consume mucho tiempo y desvía toda nuestra atención y energías hacia cosas sin la más mínima importancia, perjudicando, y de qué manera, a lo importante, a lo que tenemos que hacer o terminar,

Yo antes solía “navegar” por Internet, visitando tal o cual página, leyendo algunos comentarios, haciendo clic aquí o allí. Eso se acabó. Y fue “mi productividad” la primera que me pidió que me pusiera a dieta de información. Algunas de las pequeñas medidas que tomé y me han funcionado:

  • Analicé, filtré y eliminé de mi lector aquellos feeds que ya no me aportaban realmente algo.
  • Establecí un momento del día para leer estos feeds. Eso de “leo feeds cuando tengo un hueco” es una mala medicina.
  • Antiguamente, al levantarme, lo primero que hacía era “una ronda” por periódicos y blogs a ver qué decían o a ver qué novedades había. Ahora lo primero que hago es repasar con mi aplicación de GTD las tareas del día e inmediatamente después responder a los correos más importantes.
  • Si voy a “navegar”, esto es, moverme de página en página leyendo o descubriendo, me pongo una alerta (con Quicksilver) para volver a lo verdaderamente importante en el momento justo. Porque todos sabemos lo peligroso que es navegar por Internet sin rumbo: “Anda, cómo ha pasado el tiempo, se me ha ido el santo al cielo”. Y claro, luego decimos “no me llegan las horas del día”.
  • (No quiero ahondar más en esto porque las claves de la dieta de la información son motivo para otro post.)

4. Te permite “sacar” más horas al día

Es justo la réplica a la afirmación “no me llegan las horas del día”. No sé cómo os sonará esto, pero a medida que voy perfeccionando mi productividad… tengo más tiempo libre cada día. Lo digo totalmente en serio. El concentrarte en lo importante, las claves de tu día, relegar lo menos importante a un quinto o noveno plano y desde luego despreciar todo lo insignificante, te permite completar las tareas mucho antes y disfrutar de más tiempo para otras cosas.

Soy un gran aficionado a la lectura. Antes sólo podía leer de noche, en cama, y unos pocos minutos antes de caer dormido. Ahora he logrado “sacar” una hora de lectura diaria y dentro de las horas de trabajo, gracias a la organización, a saber discernir lo importante de lo absurdo y a una estricta dieta de la información.

Ahora diariamente también puedo dar un paseo por el parque que hay al lado de mi casa. Antes “no tenía tiempo para eso”. Pero no, antes tenía tiempo, pero lo dedicaba a otras cosas menos importantes. El paseo diario me ayuda a desconectar, pensar en nuevos proyectos y cargar pilas para continuar con el día. Esto sin la productividad, nunca lo hubiera conseguido.

Mi próximo reto es seguir “afinando” mi día y sacar tiempo para aprender un nuevo idioma. Y estoy seguro que puedo conseguirlo… porque cada día sigo perdiendo el tiempo en pequeñas cosas que me impiden hacer lo verdaderamente importante (y no me cansaré de decir esta frase).

5. Te ayuda a ser más creativo e imaginativo

La organización que va de la mano de la productividad me ha permitido liberar a mi mente de la tarea de “tener que organizar las tareas”. En mi caso, gracias al GTD, tengo perfectamente organizados mis proyectos y tareas, ésa es la única misión de estos métodos de organización. Antiguamente era mi cabeza la que se ocupaba de tener que recordar: “ahora tienes que hacer esto, luego aquello, pero recuerda que tienes que contestar al mail de fulanito, ah, y no te olvides que el presupuesto te lo tiene que enviar menganito… ¡Era de locos!

Al liberar a la mente de esta pesada carga puedo dedicarme a lo importante: generar ideas, madurar proyectos, crear nuevas propuestas, pensar en un nuevo artículo y moldearlo, idear nuevas mejoras para mi trabajo, etc. Y todos sabemos lo bien que se siente uno cuando genera ideas, y si son buenas, no digamos. Ése debería ser el cometido principal de nuestro cerebro… y no clasificar, como si de un vulgar casillero de madera se tratara, las cosas que tengo que hacer ahora o luego.

Si eres productivo y organizado, podrás desatar tu potencial creativo y disfrutar más de lo que haces inventando nuevas cosas o dando con sorprendentes soluciones a problemas que parecían imposibles de resolver.

6. Atrae otros hábitos relacionados

Una vez que empiezas a obtener resultados de tus primeros experimentos… quieres más. En ese sentido es una droga. Cuando eres productivo te sientes bien, sacas más horas al día, generas más y mejores ideas, lees y te informas de lo importante… y quieres más. Te preguntas: “¿y si pudiera ser todavía más productivo?”

¡Siempre se puede ser más productivo! Yo estoy aprendiendo cada día, y cada día me equivoco y veo donde mejorar. La productividad es como una planta que hay que regar a diario porque nuestra natural tendencia es la desorganización y el caos. Y no digamos si le añadimos las distracciones y ruido que nos rodean.

Por eso te hace investigar y descubrir otros métodos relacionados: técnicas y trucos de gestión del tiempo, probar aplicaciones nuevas que mejorarán tu flujo de trabajo, leer libros o blogs sobre productividad o mejora personal, etc. Todo ello para ir afinando tu yo diario.

Yo he de reconocer que empecé con un libro: GTD de David Allen. Eso hizo estallar una bomba de incalculables dimensiones: empecé poco a poco, probando el flujo, luego vi los resultados, me adapté, luego los mejoré, leí otro libro de Richard Koch, amplié las técnicas de gestión personal, mejoré, leí más libros y nuevos blogs, experimenté, fui mejorando, haciendo nuevas cosas cada día… y sigo. “La productividad llama a la productividad”, podríamos decir.

7. Te permite asumir nuevas responsabilidades y retos

Yo antes era bastante miedoso, o precavido o cauto, como lo queramos llamar. Conservador, sí. Ahora mucho menos. Gracias a la productividad puedo abarcar más cosas y acometer proyectos que antes nunca hubiera empezado. ¿Y eso por qué? Porque al liberarme de las pequeñas cosas y centrarme y focalizarme en lo importante, he descubierto que puedo hacer mucho más y mejor.

Son esas ridículas cosas que salpican nuestro día a día las que nos van poniendo pequeñas zancadillas y condicionan y sobre todo reducen nuestro potencial. Al liberarte o prescindir de ellas he logrado “hacer más conmigo mismo”. He visto que puedo hacer más y mejor y sacar lo mejor de mí. Ahora puedo hacer eso o aquello que antes no me atrevía o no podía empezar porque sé que si lo organizo eficazmente y me aplico efectivamente, puedo hacer eso y más. En definitiva: me ayuda a CRECER profesional y personalmente.

Es increíble, de verdad, el poder de la productividad. Es un aliado poderosísimo y no paro de preguntarme cómo he estado tantos años trabajando mal y viviendo peor. De ahí viene mi “obsesión” por la productividad y la organización, porque me ha hecho mejorar en cada cosa que hago. Y estoy empeñado en que siga siendo así.

Vía ThinkWasabi

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