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12. Necesidades sociales

“Ayudar a los más necesitados, de forma silenciosa, sin buscar ninguna retribución distinta a la de servir y mejorar la vida del otro, es una responsabilidad esencial de todo ser humano” -Takumi

En nuestra búsqueda por alcanzar objetivos tanto personales como profesionales, nos encontramos con el gran reto de no sólo buscar nuestro crecimiento y desarrollo, sino el de quienes nos rodean. En países en desarrollo, como Venezuela, existen carencias de recursos y servicios para atender las demandas de sectores críticos de la sociedad como el de niños, niñas y adolescentes en estado de abandono; personas de la tercera edad desasistidos; enfermos sin recursos; reclusos en cárceles sin los mínimos estándares.

Los líderes personales y profesionales de excelencia, tienen entre los factores de alta competencia y desempeño el de ser socialmente responsables, el de identificarse y empatizar con aquellos que carecen de lo que nosotros tenemos. Es cada vez mayor el número de niños pidiendo limosna en las esquinas, adultos y adolescentes limpiando parabrisas en los semáforos, adultos mayores en diferentes estados de salud mental mendigando y vagabundeando por las calles de nuestras ciudades y pueblos, reclusos que mueren por no tener condiciones de seguridad y salubridad en los centros penales en los que se encuentran, enfermos que mueren en salas de emergencias y habitaciones por carencia de médicos o medicamentos.

No podemos asumir la responsabilidad del Estado ni del Gobierno, no podemos hacernos cargo de las acciones e historias de vida de esas personas, pero tampoco podemos pretender actuar como si no existieran, enfocándonos en lo que deseamos y necesitamos, sin darnos cuenta de que no hay avance ni adelanto social con mejoras estricta y exclusivamente individuales, pues el verdadero desarrollo de una sociedad radica en el bienestar colectivo, no en el de unos pocos, sin importar qué ideología, color, credo, género o raíz étnica posean.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

11. Mentores y coaches

“No hay mayor desdicha que creerse tan fuerte como para no pedir ayuda y tan débil como para no brindarla” -Takumi

Una de las mayores tomas de conciencia que un líder puede hacer es darse cuenta que lo que ha logrado, se lo debe a una serie de circunstancias y eventos que se conectaron con personas clave, para haber podido aprender una habilidad, obtener un trabajo, negociar un contrato, recibir un ascenso o concretar un nuevo cliente.

Dependemos de otros, de las personas que nos rodean y estas, a su vez, dependen de nosotros. Por supuesto que esta no es una dependencia enfermiza y parásita, es más una interdependencia nutritiva, como el Dr. Steven Covey planteaba en 1989, en su obra Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva. Si deseamos mejorar personal y profesionalmente, necesitamos saber que no podemos ver todo lo que hacemos, por lo que requerimos de otros ojos, como afirma el Dr. Rafael Echeverría, director de Newfield Consulting, quien afirma que el ser humano requiere de otras miradas que hagan más exacta y precisa la evaluación de lo que hace bien y hay que mantener y multiplicar, así como lo que necesita corregir en su manera de pensar, hablar, sentir y actuar.

Ante esta necesidad que todos tenemos, por muy autosuficientes que nos sintamos y veamos, requerimos de mentores, esas personas que nos modelan con su ejemplo, con sus virtudes y competencias y que están comprometidas con dedicar su tiempo, dinero y reputación al aceptar ser nuestras guías y orientadoras. También necesitamos de los coaches, esas personas formadas y certificadas para, a través de conversaciones bien diseñadas, mostrarnos las posibilidades de mejorar nuestro desempeño en diversas áreas de acción.

Al ser mentoreados y coachados apropiada y efectivamente, mejoramos nuestras habilidades y crecemos. Al mentorear y coachar a otros, sean estos colegas o supervisados, ese crecimiento se hace exponencial y alcanzamos no solo excelencia sino trascendencia.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

10. Imagen e integridad

El éxito de una empresa, escuela, universidad, unidad de gobierno, cámara o asociación profesional y sin duda, de un país, está determinado en gran parte por su imagen e identidad pública. Imagen es la forma en la cual es percibida la marca de una persona u organización, los rasgos que le caracterizan.

Desde el punto de vista personal, imagen es lo que nos distingue del resto de las demás personas en un colectivo determinado, cómo nos ven, qué juicios se forman de nosotros, cuánta credibilidad poseemos, qué tanta autoridad se nos otorga, cuánto aprecio tienen por nosotros. En la búsqueda de contar con una buena imagen, se requiere una fuerte dosis de integridad, definida como el estado en el que logramos ser personas rectas, probas, intachables. En lenguaje llano, es cumplir con las leyes, normas y acuerdos socialmente establecidos y que uno ha aceptado.

A pesar de que algunos medios de comunicación y los empresarios sensacionalistas de celebridades han deformado el concepto de imagen e integridad, distorsionando lo que es una buena “imagen”, muchas organizaciones se han embarcado en una travesía para elevar sus valores y los de su gente.

Ninguno de nosotros es inmune a cometer un error o a mostrar un comportamiento inadecuado a los ojos de los censores sociales comúnmente establecidos en cualquier comunidad, pero somos responsables de cada decisión, de cada pensamiento, emoción y acción y de sus consecuencias.

Lo peor en esto de contar con una buena imagen e integridad es convertirse en predicadores sin práctica, ver la pajilla y obviar la viga en nuestro ojo, criticar a otro teniendo rabo de paja, como crudamente describe nuestra sabiduría popular. Tenemos la libertad de aceptar acuerdos o de rechazarlos, de comprometernos o de declinar, de posponer o revocar, de anticipar y evitar o de expresar perdón y compensar, y, sobre todo, de no pedir a otros lo que no estamos dispuestos a cumplir nosotros.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

9. Conquistar planificando

“Con energía y persistencia puedes conquistar todo lo que anheles”
Benjamin Franklin

Conquistar sueños y hacer realidad visiones es parte inherente a la vida de toda organización y de toda persona saludable intelectual, emocional, física y espiritualmente. Para lograrlo es determinante el ser capaz de fijar efectivamente objetivos, acompañándolos de un plan estratégico, debidamente soportado por un plan táctico y operativo. Conquistar una meta, sea esta personal, familiar, académica requiere de planificación y organización.

Si queremos ser conquistadores y conquistadoras de nuestros sueños, sea como individuos o como equipos y organizaciones, podemos tomar en cuenta las siguientes ideas:

1. Levanta y determina los datos financieros, emocionales y estructurales de cada situación de insatisfacción que te mueve a necesitar o desear alcanzar una meta u objetivo. 2. Define claramente tu objetivo de manera que sea específico, medible, lograble, relevante y establecido en el tiempo. 3. Establece indicadores de gestión como eficiencia, eficacia, efectividad, calidad, productividad, rentabilidad y disfrute. 4. Determina qué acciones debes realizar para lograr cada meta, cuándo deben ser ejecutadas, cómo, dónde y por quién. 5. Lista los recursos y equipos que necesitas. 6. Identifica la gente con los conocimientos, aptitudes y destrezas que necesitas para que integren tu equipo, te asesoren o dirijan. 7. Organiza la gente, los recursos y los equipos para que todo esté a punto a la hora de ejecutar. 8. Ejecuta, siguiendo el plan, revisando el cumplimiento de indicadores y estándares. 9. Evalúa y re-evalúa, reconociendo y reconociéndote por los aciertos, y aprendiendo de los errores y fallas. 10. Comunica logros, celebra y recomienza.

Sólo basta añadir a estas ideas, la persistencia de la cual nos habla Franklin, pues en épocas de crisis, los planes han de cambiar repentinamente, pero siempre será más fácil avanzar ajustando un plan existente que actuar sin uno.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

8. Cambiar o resistirse

“A la hora de enfrentar algo nuevo y distinto hay gente que se resiste y se fractura, mientras otras se adaptan, evolucionan  y crecen”

Cambiar es modificar nuestra estructura ante una situación intencional o incidental, interna o externa, personal o social, esperada o inesperada. Al cambiar, necesitamos modificar la forma en la cual pensamos, sentimos, actuamos y nos conectamos con algo superior a nosotros. Al enfrentar un cambio en el entorno, nuestro organismo se debe reorganizar intelectual, emocional y físicamente para identificar cuáles comportamientos y condiciones actuales pueden continuar y cuáles no deben seguir en las nuevas realidades.

Pero a la hora de vivir la situación inesperada, la pérdida de una oportunidad, el fracaso en un contrato de trabajo, la modificación de las condiciones económicas o políticas en un mercado, las alteraciones ambientales o el surgimiento de oportunidades que demandan conocimientos y destrezas no dominadas; la gran mayoría tiende a buscar seguridad y procura mantenerse haciendo lo que hace de la manera que lo ha venido haciendo, resistiéndose consciente o inconscientemente a realizar cualquier cambio.

Algunos pocos, que cuentan con actitudes maestras o han aprendido a lidiar de forma mucho más efectiva con los cambios, actúan de manera flexible (respetando sus principios y valores éticos) y se adaptan a las nuevas realidades, logrando avanzar a través de los desafíos y retos que estas pudieran plantear.

El “resistencismo”, esa trampa en la que caemos al resistirnos a los cambios, puede hacer que perdamos trabajo, pareja, amigos, clientes y oportunidades. Evitar caer en esa trampa, nos previene de errores y fracasos, nos hace más fuertes y garantiza que atravesemos vicisitudes, problemas, fracasos y vendavales de manera más firme y sólida. Ser flexible, adaptable y ágil nos permite aprovechar las posibilidades y oportunidades que surgen cuando tomamos y ejecutamos decisiones acertadas, aun en los peores momentos.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

6. Armonía en equipo

Conversando con un sabio líder empresarial, en una conferencia que recientemente condujimos, me afirmaba que el éxito financiero, comercial y social que había logrado su empresa, se lo debía a su afán de buscar gente que al ser parte de su empresa, logrará alinear sus conocimientos, actitudes y destrezas no sólo para lograr sus objetivos individuales, sino para que el alcanzarlos contribuyeran a que sus colegas de trabajo alcanzaran los suyos.

Muchos son los casos propios y ajenos en los cuales personas altamente competentes pasan por encima de los demás para lograr lo que buscan, perjudicando a su equipo, a su organización y a sus clientes y proveedores. Buscan su bienestar a costa de otros.

Armonía, viene del latín harmonía, que significa ajustamiento y combinación. En música es la unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes. En lingüística, es la bien concertada y grata variedad de sonidos, medidas y pausas que resulta en la prosa o en el verso por la feliz combinación de las sílabas, voces y cláusulas empleadas en él. En general, armonía es la conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras y desde el punto de vista humano, es la amistad y buena correspondencia entre personas.

Si queremos un equipo de resultados altamente sobresalientes, que supere el desempeño de cualquier otro competidor, necesitamos que sus integrantes sean capaces de armonizar sus talentos, poniéndolos al servicio de su equipo y no al de sí mismos. Para jugar, trabajar y disfrutar en equipo, cada miembro debe dejar de lado su ego, ponerse al servicio del colectivo, siempre y cuando el hacer esto no vaya contra su filosofía y estrategia; pues de nada sirve una persona en un equipo que trabaje sacrificando quien es para servir una causa que no le permita cumplir su misión y visión de vida. La armonía en equipo es determinante para el logro trascendente de una familia, organización o país y sólo se logra cuando respetamos y valoramos al otro así sea diferente.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

¿Ingeniero o Gerente?

En el marco de las 1ras Jornadas Científicas Tecnológicas de Pasantías Industriales de la Unefa Núcleo Zulia, me correspondió impartir la Ponencia “¿Ingeniero o Gerente?”.

Luis Castellanos
Tópicos Gerenciales

5. Libertad Emocional

Es en la emergencia o el conflicto donde se mide el control emocional del ser humano.”    takumi

Cuando las cosas están bien, cuando hay bonanza económica o bienestar familiar, laboral y social, cuando nuestra pareja nos quiere y nuestros padres e hijos están saludables es muy fácil demostrar emociones sanas como la alegría, el amor, la ecuanimidad, el amor erótico. A menos que tengamos una patología que requiera asistencia psicológica o psiquiátrica, en momentos de tranquilidad, armonía y prosperidad los seres humanos mostramos conductas emocionalmente saludables.

Pero muy diferente es como respondemos cuando enfrentamos una crisis matrimonial, el despido inesperado del trabajo, la enfermedad de un ser querido, el acoso de un jefe o colega sociópata, un asalto o secuestro express, la noticia de que nuestra hija está embarazada del noviecito del liceo o que partieron el vidrio de nuestro carro para robarse el reproductor y el maletín o la cartera con todos nuestros documentos. Es en momentos como estos, en los cuales ponemos a prueba no sólo nuestra inteligencia cognitiva para saber qué hacer, sino nuestra inteligencia emocional para identificar qué emoción se dispara con la situación enfrentada y elegir la mejor para salir airosos de ese suceso.

Libertad es poder hacer lo que deseamos, necesitamos y merecemos respetando el espacio para que otros puedan lograr lo mismo. Libertad emocional es la capacidad y posibilidad de sentir lo que quiero sentir, lo que necesito sentir y merezco, sentir permitiendo que otros puedan hacer lo mismo. La inteligencia emocional acuñada por Daniel Goleman, gracias al trabajo seminal de Peter Salovey, demuestra cómo el ejercicio de la libertad emocional supera competencias técnicas en trabajos clave: puedes estar muy preparado o ser muy capaz para hacer bien un trabajo, pero demostrar libertad para expresar la mejor emoción de la mejor manera te distingue en los peores momentos.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

4. Esencia y raíces

“Por encima de mi historia familiar y de la crisis que vivimos en nuestro país me siento agradecido por la familia con la que cuento y por la tierra en la que nací”.

Esta frase refleja claramente lo que buscamos en el cuarto de los trece saltos para desarrollar liderazgo personal y profesional: distinguir claramente la influencia que las raíces sociales y culturales de nuestra familia y los mapas aprendidos en los diferentes espacios de interacción que hemos vivido, poseen en nuestra esencia y en el actual desempeño personal, familiar, académico, organizacional y comunitario.

En este salto, el o la líder, realiza un mapa de sus figuras maternas y paternas, de los modelos de referencia que tuvo en su infancia, adolescencia y juventud adulta, identificando los patrones y perfiles que impactaron su visión, misión, valores, objetivos, actitudes, acciones y relaciones. Conociendo cómo influye su crianza, valores y comportamientos aprendidos, él o ella pueden determinar qué le ayuda y qué le limita u obstaculiza el logro de los objetivos en su vida personal, familiar y laboral; con el fin de continuar haciendo lo que potencia el logro de sus objetivos y evitar o eliminar del todo aquellas conductas que le alejan de lo que necesita, quiere y merece en su vida. No puedo cambiar mi pasado, pero puedo aprender de lo que viví y perfilar el cómo voy a actuar en el presente para obtener el futuro que merezco.

De igual forma, pasa con la cultura nacional y religiosa con la cual nos identificamos. En qué medida los valores, usos y costumbres de una cultura o religión determinada me acercan o alejan de lo que dignamente busco alcanzar para mí y para los míos, logrando el bienestar individual y colectivo que toda sociedad de avanzada requiere.

Esto exige un ejercicio de integración, limpiando y sanando las relaciones enfermas, haciendo borrón y cuenta nueva, soltando lastres de la familia o el gentilicio, y fortaleciendo las bases para las acciones y logros que ansiamos.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

3. Crear e innovar

“Creatividad es mirar algo y pensar una nueva manera de hacerlo para mejorarlo” -Takumi

Una de las competencias que más buscan los directivos en su gente es la capacidad para ser creativo e innovar procesos y productos. Contar con iniciativa, con originalidad, con la habilidad de proponer nuevas opciones y realidades para hacer que una tarea se realice más rápida, productiva, rentable, eficiente y satisfactoriamente es una característica distintiva entre los trabajadores, colaboradores, gerentes y directivos excelentes y altamente competentes.

En esta tercera entrega de los 13 Saltos para el Liderazgo Personal y Profesional, distinguimos la creatividad como el conjunto de conocimientos, actitudes y destrezas que hacen que una persona vea lo que otros no ven, permitiéndole crear cosas nuevas, sean piezas de arte, productos o procesos. La innovación exige que eso que se ha creado cubra una necesidad de mercado y sea colocado en el mismo para sus usuarios y consumidores, para evitar el juicio criollo de “muy bonito pero eso nadie lo va a comprar” o el de “muy bueno pero es muy difícil de usar”.

Esta capacidad no es exclusiva de algunos pocos “elegidos”. Todo aquel que desee, puede aprender a ser más creativo de lo que es. Entre algunas acciones que pueden ejecutarse, están: (1) aprender cómo usar ambos hemisferios (lógico y creativo) del cerebro, (2) usar mapas mentales, y (3) emplear técnicas y herramientas de estimulación creativa como las de Tony Buzan, Edward de Bono, Michael Michalko, Alex Osborn o Roger von Oech.

La creatividad en la solución de problemas es determinante en mercados y entornos con la alta volatilidad e incertidumbre que vivimos en estos tiempos de crisis y cambios acelerados. Los clientes exigen productos y servicios cada vez mejores y poseen la libertad de poder para cambiar de proveedor cuando quieran y como quieran, haciendo muy vulnerables a quienes dependen de sus consumidores para sobrevivir, mantenerse y crecer.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

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