Archivos Mensuales: agosto 2010

10. Imagen e integridad

El éxito de una empresa, escuela, universidad, unidad de gobierno, cámara o asociación profesional y sin duda, de un país, está determinado en gran parte por su imagen e identidad pública. Imagen es la forma en la cual es percibida la marca de una persona u organización, los rasgos que le caracterizan.

Desde el punto de vista personal, imagen es lo que nos distingue del resto de las demás personas en un colectivo determinado, cómo nos ven, qué juicios se forman de nosotros, cuánta credibilidad poseemos, qué tanta autoridad se nos otorga, cuánto aprecio tienen por nosotros. En la búsqueda de contar con una buena imagen, se requiere una fuerte dosis de integridad, definida como el estado en el que logramos ser personas rectas, probas, intachables. En lenguaje llano, es cumplir con las leyes, normas y acuerdos socialmente establecidos y que uno ha aceptado.

A pesar de que algunos medios de comunicación y los empresarios sensacionalistas de celebridades han deformado el concepto de imagen e integridad, distorsionando lo que es una buena “imagen”, muchas organizaciones se han embarcado en una travesía para elevar sus valores y los de su gente.

Ninguno de nosotros es inmune a cometer un error o a mostrar un comportamiento inadecuado a los ojos de los censores sociales comúnmente establecidos en cualquier comunidad, pero somos responsables de cada decisión, de cada pensamiento, emoción y acción y de sus consecuencias.

Lo peor en esto de contar con una buena imagen e integridad es convertirse en predicadores sin práctica, ver la pajilla y obviar la viga en nuestro ojo, criticar a otro teniendo rabo de paja, como crudamente describe nuestra sabiduría popular. Tenemos la libertad de aceptar acuerdos o de rechazarlos, de comprometernos o de declinar, de posponer o revocar, de anticipar y evitar o de expresar perdón y compensar, y, sobre todo, de no pedir a otros lo que no estamos dispuestos a cumplir nosotros.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

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9. Conquistar planificando

“Con energía y persistencia puedes conquistar todo lo que anheles”
Benjamin Franklin

Conquistar sueños y hacer realidad visiones es parte inherente a la vida de toda organización y de toda persona saludable intelectual, emocional, física y espiritualmente. Para lograrlo es determinante el ser capaz de fijar efectivamente objetivos, acompañándolos de un plan estratégico, debidamente soportado por un plan táctico y operativo. Conquistar una meta, sea esta personal, familiar, académica requiere de planificación y organización.

Si queremos ser conquistadores y conquistadoras de nuestros sueños, sea como individuos o como equipos y organizaciones, podemos tomar en cuenta las siguientes ideas:

1. Levanta y determina los datos financieros, emocionales y estructurales de cada situación de insatisfacción que te mueve a necesitar o desear alcanzar una meta u objetivo. 2. Define claramente tu objetivo de manera que sea específico, medible, lograble, relevante y establecido en el tiempo. 3. Establece indicadores de gestión como eficiencia, eficacia, efectividad, calidad, productividad, rentabilidad y disfrute. 4. Determina qué acciones debes realizar para lograr cada meta, cuándo deben ser ejecutadas, cómo, dónde y por quién. 5. Lista los recursos y equipos que necesitas. 6. Identifica la gente con los conocimientos, aptitudes y destrezas que necesitas para que integren tu equipo, te asesoren o dirijan. 7. Organiza la gente, los recursos y los equipos para que todo esté a punto a la hora de ejecutar. 8. Ejecuta, siguiendo el plan, revisando el cumplimiento de indicadores y estándares. 9. Evalúa y re-evalúa, reconociendo y reconociéndote por los aciertos, y aprendiendo de los errores y fallas. 10. Comunica logros, celebra y recomienza.

Sólo basta añadir a estas ideas, la persistencia de la cual nos habla Franklin, pues en épocas de crisis, los planes han de cambiar repentinamente, pero siempre será más fácil avanzar ajustando un plan existente que actuar sin uno.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

8. Cambiar o resistirse

“A la hora de enfrentar algo nuevo y distinto hay gente que se resiste y se fractura, mientras otras se adaptan, evolucionan  y crecen”

Cambiar es modificar nuestra estructura ante una situación intencional o incidental, interna o externa, personal o social, esperada o inesperada. Al cambiar, necesitamos modificar la forma en la cual pensamos, sentimos, actuamos y nos conectamos con algo superior a nosotros. Al enfrentar un cambio en el entorno, nuestro organismo se debe reorganizar intelectual, emocional y físicamente para identificar cuáles comportamientos y condiciones actuales pueden continuar y cuáles no deben seguir en las nuevas realidades.

Pero a la hora de vivir la situación inesperada, la pérdida de una oportunidad, el fracaso en un contrato de trabajo, la modificación de las condiciones económicas o políticas en un mercado, las alteraciones ambientales o el surgimiento de oportunidades que demandan conocimientos y destrezas no dominadas; la gran mayoría tiende a buscar seguridad y procura mantenerse haciendo lo que hace de la manera que lo ha venido haciendo, resistiéndose consciente o inconscientemente a realizar cualquier cambio.

Algunos pocos, que cuentan con actitudes maestras o han aprendido a lidiar de forma mucho más efectiva con los cambios, actúan de manera flexible (respetando sus principios y valores éticos) y se adaptan a las nuevas realidades, logrando avanzar a través de los desafíos y retos que estas pudieran plantear.

El “resistencismo”, esa trampa en la que caemos al resistirnos a los cambios, puede hacer que perdamos trabajo, pareja, amigos, clientes y oportunidades. Evitar caer en esa trampa, nos previene de errores y fracasos, nos hace más fuertes y garantiza que atravesemos vicisitudes, problemas, fracasos y vendavales de manera más firme y sólida. Ser flexible, adaptable y ágil nos permite aprovechar las posibilidades y oportunidades que surgen cuando tomamos y ejecutamos decisiones acertadas, aun en los peores momentos.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

7. Alianzas para ganar

“Al llegar a la cima, el buen escalador recuerda que llegó allí gracias a las alianzas y al apoyo que logró para contar con todo lo necesario para ascender y hacer cumbre”.

En nuestras vidas, decían Marcus Tobía y Martín Echeverría, escaladores de excelencia, cada uno de nosotros tenemos nuestras montañas. Nuestro Everest y Aconcagua se manifiestan en los retos que tenemos en nuestra familia, escuela, universidad y trabajo para lograr lo que deseamos y necesitamos.

Desde que nacemos, requerimos negociar para tener lo que anhelamos. Sin acuerdos y alianzas sólidas y nutritivas, las relaciones se debilitan y aunque podamos lograr las cosas de forma independiente, nos cuesta más dinero, tiempo, energía y otros recursos, que hacerlo de forma interdependiente, apalancándonos en las fortalezas de personas y organizaciones competentes, sinceras y responsables, en las que podamos confiar.

Negociar exige saber el objetivo que deseamos y necesitamos alcanzar, qué estoy dispuesto a dar y ceder y hasta dónde conocer a la otra parte para estar al tanto de qué es lo que desea y necesita y hasta dónde también estaría dispuesto a dar o ceder; de manera que al llegar a un acuerdo ambos sintamos que logramos lo que buscábamos y que no existe un mal sabor que vaya a afectar la relación a futuro. Aunque esto suena demasiado bonito y romántico para algunos negociadores duros, especialmente en el terreno legal o financiero, los mejores abogados y líderes de fusiones y adquisiciones buscan el balance de beneficios para todas las partes.

Aliarse a otro, unir esfuerzos para lograr objetivos comunes, demanda la maestría en el arte de negociar para constituir alianzas que permitan ganar equitativa y justamente, apostando a relaciones y negociaciones futuras que puedan generar mayores beneficios. Las montañas en las familias, los negocios y la vida académica y social se ascienden mejor con aliados que estén dispuestos a ganar y hacerte ganar.

Fernando Sánchez-Arias
El Universal
fsa@fernandosanchezarias.com

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